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"Cuando estás mas ausente"



Todavía te veo sentado junto al río,
llenando de reproches las tardes de mi ocaso ,
me embarga la nostalgia cuando un escalofrío
recorre el sentimiento que trajo mi fracaso.

Todavía amanece con sol en mi ventana
y el parpado del beso te espera por si acaso,
mi cielo se desviste de la duda lejana
y deja que disfrute de todo mi parnaso.

La vida es tan pequeña que cabe en un segundo,
cuando tu ausencia pesa porque estás mas ausente
en la orilla del alma te besé moribundo.

Tu recuerdo se escapa como olas de mi mar
en este mustio día de abril en mi presente,
que al perpetuar el verso me inocula de amar.

"Cuando mueren las horas"




Cual nácar que deslumbra la hermosura,
tu rostro varonil e intransigente
destroza cada fibra de mi mente,
pervierte mis instantes de locura.

Jamás imaginé tanta dulzura,
tus besos calentaron como soles
la cuspide de mi alma, son bemoles,
que cierran los deseos con premura.

Tus manos acarician mis tormentos,
son mares que mis olas entrelazan
con la fuerza vital de sus momentos.

Me gozo cada día cuando danzan,
mis deseos triviales y profundos
en las horas que mueren sin segundos.

"Imperturbable"



Imperturbable el tiempo se termina.
un cumulo de errores con engaños
disipan inquietudes y regaños,
cambiándome la fe que me domina.

Sustraje del altar que me ilumina,
un mar de sensaciones que los años
con todos los recuerdos mas huraños
dejaron que amargaran, mi rutina.

Si miro para atrás lloran tus ojos,
si sigo hacia el futuro sin esperas
y dejo en el camino mis despojos.

Comienzan para mi, las horas locas
donde cantan ligeras primaveras
y me besan pasiones con sus bocas.

"Horas muertas"




Fuiste como quimera de lluvia y hojas secas,
el deseo embriagante de un septiembre de rosas,
el sexo que detuvo noviembre con sus cosas,
la cruel desolación de mis palabras huecas.

Fuiste el ave nocturna, la brisa que disecas
en las tardes de enero de cumbres borrascosas,
fugaz "amor de otoño" de caricias borrosas
que dejas en mi calma tus vacíos y muecas.

Partiste, y en las noches te lloro porque extraño,
las palabras mimosas que calmaron mis fríos
y ese verbo que duerme con las brumas alertas.

Y se van con el tiempo, los recuerdos y el año,
se renuevan tristezas que reviven hastíos
y en nuevas melodías...nacen mis horas muertas.

"De aquella noche"



De aquella noche solo queda el viento,
un simple recordar en cada hora,
un verso que se muere en el lamento
confiando regalarme alguna aurora.

Me queda el estupor, el descontento,
la angustia, el desamor que se evapora,
la loca desazón del loco intento,
la miel con el dulzor que te enamora.

De aquel bello querer queda el momento,
grabado en la memoria que me llora,
un beso, una canción que sin tormento
detiene ese minuto que demora.

Me deja retratado el firmamento
el beso que acaricia y que devora.

Camine


Caminé por abismos del amor,
descalza.
sembré mil tempestades,
coseché silencios,
cuando el verso se moría de nostalgias.
Busque tus besos,
en los azules perdidos
de mis olas,
desenredé tu pelo y sus castaños,
contagié con mi llanto
los caminos,
y descubrí que no te hallo.
Volví, por el sendero
en que te fuiste,
acaricié cada páramo del alma
y descendí en bocanada
del pasado,
como el humo.
Y fui reproche, 
entre el hastío y mi luna.
Ahora solo espero
que la brisa de la aurora,
se duerma
con mis miedos.

"a mi Virgen del Cobre"






Te siento en el arrullo silente de la aurora
en la luna que abriga mil vidas lisonjera,
te siento en la palabra que viaja prisionera,
te cubres de mi credo más fuerte en cada hora.

Te siento en el minuto de ausencia que demora,
en la lucha perenne que no tiene frontera,
abarcas con tu manto los ríos de mi espera
y los hijos lejanos te llaman salvadora.

Te siento en cada gesto mi virgen venerada,
allí junto a tu cobre de amor descubro el alma
y dejo con respeto toda mi devoción.

De rodillas te pido bendigas la alborada,
mis hijos y familia los miedos de mi calma,
te dejo mis anhelos e imploro tu perdón.

María de los Ángeles Espinosa
(DERECHOS DE AUTOR 2014)




“La noche”




La noche es como un pájaro sin alas
que vuela con sus brumas petulantes,
te invita, te seduce con sus galas,
y mueve su gemir por los instantes.

Callada y muy sutil se entrega toda,
su suave plenitud sin decadencia,
inspira como musa que acomoda
un sexo sin pudor y sin decencia.

La noche con su aroma que te obliga
perece en la lujuria de tu tacto,
erótica, tajante y lisonjera.

Me cubre del deseo que me intriga.
su embrujo de las horas es exacto
y calma la impaciencia de la espera.


María de los Ángeles Espinosa
(derechos de autor)

"Volaste golondrina"


Volaste golondrina mis mañanas,
te fuiste por los cielos siderales
repartes en mis pocas horas vanas
tristezas que parecen musicales.

Despierto y al buscarte en mis espejos;
preludia la razón de mis extraños,
seguro que estarás lejos… muy lejos
en la dulce nostalgia de mis años.

Volaste con mis jóvenes avíos
cantando en la penumbra de un pasado,
ya nunca volverás eso es sabido.

Hoy me quedan tus nobles extravíos 
el tiempo de dolor ya se ha borrado
del libro donde guardo lo vivido.

“Agonía de un milagro”




Estoy esculpiendo un milagro
en esta absurda hora de otro día,
buscando entre las espinas solitarias
un alma amiga.

Estoy desenterrando de la tierra
insípidas verdades que fueron mis senderos
escudriñando espacios que me quedan
cansados del silencio.

Queriendo así vivir plena el momento,
Me guardo en la maleta ese pasado
que duele solo al tacto de mis besos.

Quisiera ser mañana o ser aurora
y levantar el día con mis rayos.

Y trato de vivir muy consecuente,
dejando en mis escritos relicarios
de amor y de pasiones comprendidas,
futuros que se vuelvan inmediatos.

Estoy… tratando de seguir, si puedo,
cargando con las culpas de los años,
subiendo una bajada que me cuesta,
llorando cuando sea necesario.

Las lágrimas el viento me las seca,
prosigo ya sin ritmo por mis pasos.

no quedan por abrir ya muchas puertas,
se acerca el firmamento tan lejano.

Se me mueren las noches siempre muertas,
en versos que prefieren que no calle,
cuando agoniza el milagro.

María de los Ángeles Espinosa
(derechos de autor)

“Silencio que amanece”



Silencio que amanece
y la lluvia se apaga,
el sol entra muy lento
por la rendija del tiempo...

Se escuchan los murmullos,
se alegran los claveles y vibra sus entrañas.
¡Silencio!... que se acaba…
y el viento no aminora.

La noche se me escurre
y vibra este momento.

La luz se hace más clara, el sol casi enamora,
y yo me saboreo de este sueño de aurora.

¡Silencio que amanece!,
Y es tan fugaz la hora,
si parpadeo pierdo
este instante que devora.

¡Silencio!, ¡pido silencio!
va amanecer ahora,
es un segundo eterno,
sublimizar me toca.

¡Silencio que amanece, como ayer en mis olas!
levito en los minutos
y cantan caracolas.
Se escapa… se termina…
y nadie lo valora.

¡Silencio que amanece!
y lo disfruto ahora.

María

“Imposible olvidar”





Como puedo olvidarte si caminas
por antiguos deseos olvidados,
te aferras al instante de agonía,
estrujando los íntimos amagos.

Como puedo olvidarte si no puedo.
Si encadeno al pasado mi suspiro,
mis olas sobrevuelan en tu viento
y mis ojos te buscan en el vino.

Como puedo seguir si ya no quiero
despertar en mi cama con delirios,
si la luna es testigo de mi quedo
cuando tiembla mi boca si te escribo.

Como puedo olvidarte es imposible,
la noche se estremece con mi pluma,
la prisa de mis versos te define
y deja con las horas mis excusas.

María de los Ángeles Espinosa
(derechos de autor)


“Nostalgias vespertinas”



Se me ha escapado el año entre latidos,
envuelto en la penumbra de tus pasos,
sediento en cada beso sin ocasos,
perdido en la carencia de gemidos.

Se fue junto a la ausencia de cumplidos
por sendas que se yerguen de fracasos,
curvándose en la dicha con retrasos
que muere sucumbida en los olvidos.

Se me ha fugado el sueño clamoroso,
después que despertaron las mañanas
rociado de caricias repentinas.

Delirios que palpitan en lo hermoso
del dulce y fiel sonido de campanas,
nostalgia de mis horas vespertinas.


María de los Angeles Espinosa



Flor de laguna”




Mi madre tan lejana y tan dilecta,
cubierta de bondad -flor de laguna-
me deja el corazón -es su fortuna-
donde guarda la miel siempre perfecta.

Su voz es eslabón que se proyecta
por cúspides de vida con hambruna,
no existen dos iguales -solo hay una-
que sacude minutos de colecta.

Mi madre tan jovial y tan sincera,
amante soñadora y tantas cosas,
abraza sus jazmines con las rosas.

Candil que no renuncia de la espera,
sus sueños tienen vetas de colores,
cadencia y matíz de mis amores.


“El Hombre”




El hombre es como un mar embravecido;
sediento de ilusión y desengaños,
bebiendo de la vida los engaños
disfruta del placer sin mucho ruido.

El hombre es animal noble y torcido,
se enfrenta diariamente con los años
a subir lentamente los escaños,
excusando las culpas y descuidos.

Transita con sus vanos desaciertos
un mundo que parece más carente,
de amor y de pasiones verdaderas.

Cual barca que navega por los puertos
con mares de azules transparentes,
buscando nuevas rutas y fronteras.


María de los Ángeles Espinosa
(derechos de autor)